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(EN ESPAÑOL)

I paint because I have to—the way fish gotta swim and birds gotta fly. (Or, for a reason that beats me, some people have to jog.)

When I tapped into the gut satisfaction of filtering what’s “out there” through my eyes and feelings and hands, turning blank, two-dimensional spaces into expressions unique to me, I had already turned 40. There’s no formal art training in my background, no school of beaux arts. What I’ve done over the years is jump at the chances I’ve found to study under painters I admired. Their widely varied visions, talents and uses of media are visible in the variety of the paintings I make.

That variety sparks a frequent comment when people look at my work. It goes something like this: “It’s all very nice, but you don’t seem to have found your voice yet.” I know what they’re saying, and I respect their conclusion. It’s a widely-shared point of view that painters, when they mature, develop a consistent and recognizable style. My experience tells me that some do and some don’t. It tells me, also, that as often as not, it’s the marketplace that finds a painter’s voice rather than the painter finding it.

I doubt that I will ever tire of the fluid forms of the human body, the elusive subtleties of the human face. Abstraction enchants me for the way it can push a viewer’s individual set of buttons, resonate with a viewer’s unique, and often unconscious, inner dramas—no matter what the painter intended. For that reason, the titles of my abstract paintings are for identification only. I don’t want the titles to suggest what was in my mind at the time. What you see and feel is all that counts. And then there’s also the meticulous, precise style that comes from my decorative-painting years, wrestling with the fierce logic and geometry of, say, trompe l’oeil effects. That, too, has its own fascination.

I paint half the year in Mexico these days. If I’d had a distinct “voice” when I started working there, it would have never survived anyway. The melodies of the thin, clear light of Long Island would have been drowned out by the mariachi richness of Mexican sun and color. It delights me that once again I’ve found new music, new songs to sing in yet another key, another voice. Johnny One Note? Not for me, thank you. Not this time ‘round.

 

Welcome to my website.

 

Yo pinto porque necesito hacerlo, así como los peces necesitan nadar y los pájaros necesitan volar (o, por alguna razón que se me escapa, algunas personas necesitan trotar).

Cuando sentí por primera vez la satisfacción profunda de filtrar las cosas que me rodean por mis ojos, manos y sentimientos, así cambiando un espacio en blanco con mis propias expresiones, ya había cumplido 40 años. No tengo ningún entrenamiento de arte formal, no asistí a ninguna escuela de bellas artes. Lo que hice durante los años fue tomar las oportunidades de estudiar con pintores que admiraba. Sus puntos de vista, talentos y usos de materiales y técnicas diferentes, se ven en la variedad de los cuadros que hago.

Esa variedad provoca  frecuentemente un comentario por las personas que observan o consideran  mi obra. Dicen algo como: “Todo esto es muy agradable, pero no parece haber encontrado su propia forma de expresión todavía.”  Entiendo lo que dicen  y respeto su conclusión. Es un punto de vista muy común  pensar que pintores cuando maduran empiezan a pintar en un estilo consistente y reconocible. Según mi experiencia algunos pintores maduran así y otros de otra manera diferente. Mi experiencia me dice también que la mitad de las veces resulta que es el mercado quien encuentra el estilo reconocible de cualquier pintor y no el pintor mismo.

Dudo hartarme jamás de las formas fluidas del cuerpo humano, los matices fugaces de los rostros. La abstracción me encanta por tocar los puntos sensibles de cualquier observador, evocando sus dramas  interiores del subconsciente a pesar de las intenciones del pintor mismo. Por eso, los títulos de mis obras abstractas sirven para identificarlos y nada más, no quiero que los títulos sugieran  mis propias intenciones. Lo que  vea y sienta usted, es solamente lo único que importa.  Me satisface tambien el estilo meticuloso y preciso que viene de mis años como pintor decorativo, la lucha severa con la lógica y la geometría de, por ejemplo.  trompe l’oeil –  es decir los efectos de perspectiva que engañan al ojo.

Actualmente pinto ocho meses al año en México. Aunque  si tuviera un estilo distinto a cuando empecé pintando allí, ese estilo no hubiera podido sobrevivir. Las melodías tenues de la luz cristalina de Long Island, hubieran sido ahogadas por la riqueza del “mariachi” el sol y los colores de México. Me encanta que otra vez encontré música y canciones nuevas  para cantar en otro tono y otra voz. ¿Limitarme a un tono monótono? ¡No, gracias! No es para mí en esta vida.

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